Superestrella

domingo 8 de agosto de 2010

Ilustración en la que se compara la estrella VV Cephei con otros astros conocidos- ESO / NASATiene una masa 265 veces mayor que el Sol, 4.500 millones de años, una temperatura en su superficie que supera los 40.000 grados y desprende una luz que convertiría en invisible al astro rey si la colocáramos frente a él. Les presentamos a R136a1, la estrella más grande descubierta hasta ahora.

En una escena significativa de la película Blade runner, el presidente de Tyrel Corporation, una compañía de ingeniería genética, revela a Roy, su mejor creación de un humano sintético, por qué está a punto de morir. "La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad". Parece un razonamiento astronómico hecho a medida para uno de los objetos estelares más espectaculares cuyo hallazgo ha saltado a las páginas de las publicaciones especializadas, una estrella catalogada como R136a1 y que ha resultado ser la más masiva de todo el universo hasta la fecha. Su luz precisamente nos ha llegado después de viajar 165.000 años, por lo que ahora sabemos el aspecto que tenía cuando el Homo sapiens aún no había hecho su aparición.

R136a1 bien podría bautizarse como el Coloso de Rodas (la gigantesca estatua erigida en la isla griega de Rodas en honor al dios griego Helios, personificación del Sol) de todo el zoo estelar. Con una masa estimada de 265 veces la del Sol, un cálculo somero indica que para igualarla se necesitarían juntar 87,4 millones de planetas como el nuestro. Para la mente humana resulta imposible concebir un objeto así. Estrellas tan supermasivas son bastante raras, aunque la biografía estelar de un objeto tan extraordinario comienza también en un lugar extraordinario, la Nebulosa de la Tarántula, ubicada en una galaxia satélite de la nuestra, la Nube de Magallanes, que astronómicamente está a la vuelta de la esquina.

Esta nebulosa es visible a simple vista. Los telescopios potentes muestran una serie de brillantes lazos de gas que destacan de entre zonas más oscurecidas y que recuerdan las patas de una gran araña, una tarántula. El tamaño de estos lazos –cerca de mil años luz– no es solo lo más llamativo. Están hechos de gas ionizado y excitado, muy caliente. En el interior de la nebulosa se localiza un criadero de estrellas de gran tamaño y masa, que los astrónomos han bautizado como R136. El cúmulo estelar está barrido por los fortísimos vientos estelares que se desprenden de estos enormes soles, lo que energiza a los lazos.

El "nido" es de una juventud exultante, de entre dos y tres millones de años; un recién nacido si lo comparamos con la edad global estimada para el universo, 13.700 millones de años. En un lugar así aconteció algo excepcional. En las partes más densas del cúmulo, donde la densidad del gas es máxima, una inimaginable cantidad de hidrógeno se fue agrupando por gravedad hasta formar una esfera, cayendo cada vez más sobre sí misma. Los átomos de hidrógeno en el corazón de esa esfera de gas comenzaron a apretujarse entre sí hasta que algunos empezaron a fusionar sus núcleos y la estrella se encendió. Las reacciones termonucleares escupieron una pavorosa cantidad de energía, que terminó por contrarrestar el colapso gravitatorio. Como resultado, la gigantesca bola de gas muy caliente salida de este parto estelar retuvo finalmente en su nacimiento una masa que resultó ser 320 veces la de nuestro Sol. Todo un récord en los partos estelares conocidos.

Pero la joven estrella comenzó a perder masa poco después de nacer, probablemente a causa del viento estelar que despedía, quemando hidrógeno a un ritmo desaforado. Su descubridor, el astrónomo británico Paul Crowther, de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, cree que ahora el gigante contiene solo 265 veces la masa del Sol, a pesar de que apenas han transcurrido poco más de un millón de años desde que nació. Crowther afirma que, a diferencia de los seres humanos, estas estrellas nacen con mucha masa y luego la van perdiendo gradualmente a medida que envejecen. "Desde luego, las estrellas no son seres vivos, pero resulta conveniente discutir acerca de su formación (nacimiento), evolución (vida) y decadencia (muerte) en estos términos", justifica este experto a El País Semanal en un correo electrónico...

Por LUIS MIGUEL ARIZA | ELPAIS.com

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